El Catecismo de Westminster: Pregunta 2

Continuamos hoy con la serie del Catecismo de Westminster. Norma escribió sobre la pregunta 1 aquí. Y hoy avanzamos a la pregunta número 2.

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Pregunta 2.  ¿Qué regla ha dado Dios para enseñarnos cómo hemos de glorificarle y gozar de él?

Respuesta: La palabra de Dios que se contiene en las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, es la única regla que ha dado Dios para enseñarnos cómo hemos de glorificarle y gozar de él. Lc. 24:27-44; II Pe. 3:2,15,16; II Tm. 3:16.17; Lu­cas 16:31; Gá. 1:8,9; Juan 15:11.

Desde el momento en que Dios creó a Adán y a Eva, decidió manifestarse a ellos. No los puso en medio de un mundo lleno de pistas para que ellos adivinaran quién era Dios y que demandaba Dios de ellos. Y Dios, en su gran misericordia, tampoco nos ha dejado  e una situación de incertidumbre en cuánto a quién es Dios y qué es lo que demanda de nosotros. Tenemos, como nos recuerda el Catecismo Menor de Westminster, la Palabra de Dios (Antiguo y Nuevo Testamento) como regla para enseñarnos cómo debemos de acercarnos y adorar al único Dios verdadero, al Dios de la Biblia.

Cualquier dios aparte del Dios de la Biblia es un Dios de la imaginación del hombre, un ídolo para perdición. Y cualquier otra manera de acercarnos a Dios, de adorarle, de glorificarle, y de gozar de Él aparte de lo que está establecido en las Santas Escrituras es pecado y perdición.

Es por eso que debemos poner todo el énfasis necesario en regresar a las Escrituras. Y esto no es una idea que se oye bien desde el pulpito y ya. Es, cómo todo en la vida Cristiana, un llamado a la acción. Si no leemos toda la Biblia regularmente – de principio a fin, de Génesis hasta Apocalipsis- no podremos conocer al Dios de la Biblia ni tampoco saber lo que Él demanda de nosotros.

Notemos también que la “única regla que nos ha dado Dios para enseñarnos cómo debemos glorificarle y gozar de Él” es Su santa Palabra. Nuestras emociones y sentimientos no son la regla. No debemos de poner nunca nuestras preferencias, ni nuestras emociones sobre lo que la Biblia claramente enseña, sino que debemos traerlas bajo sujeción ante Dios y lo establecido en Su Palabra.   Por lo tanto, y así regresamos al punto que he querido enfatizar aquí, vemos claramente que si no estamos en la Palabra, si no la leemos toda y regularmente (al menos una vez al año) no vamos a poder saber que es lo que Dios demanda de nosotros. Si no estamos constantemente en la Palabra,o sí solamente leemos el Nuevo Testamento y algunos Salmos, corremos el grave peligro de poner nuestras emociones sobre la Palabra e inventar una manera que a nosotros nos parece la correcta para adorar a Dios y gozar de Él engañándonos a nosotros mismos.

Qué Dios nos ayude a ser Mujeres de la Palabra, porque solamente las mujeres que están en la Palabra, y en cuyo corazón la Palabra de Dios mora, podrán verdaderamente glorificar a Dios y completamente gozar de Él para siempre.

Bajo su sol y por su gracia,

Becky Pliego