Cómo ser una mujer fructífera en tierra árida

Recientemente visitamos la zona de viñedos en México, en Baja California. Y me impresionó lo dramático del paisaje. 

El paisaje de la zona en general no es nada hermoso. Es árido, desértico, rocoso,  pensarías que nada podría florecer en esa tierra. Sin embargo, después de manejar cinco minutos a la derecha y cinco minutos a la izquierda y dar dos vueltas más llegábamos, de repente, a un oasis, a un lugar verde, lleno de vida. Las vides ya estaban cargadas de uvas y los olivos también daban su propio espectáculo. Era una verdadera belleza. 

La metáfora, una gran enseñanza del Señor,  estaba ahí y era inescapable. 

En el Salmo 128 vemos la hermosa descripción de una familia Cristiana alrededor de la mesa. El hombre trabaja duro, provee, y junto con su familia, disfruta del fruto de ese trabajo. La esposa es fructífera, como esas vides del Valle de Guadalupe, y los hijos también
dan fruto, como los olivos. ¡Cuán grande bendición! 

Hermanas, la tierra en la que hemos sido llamadas a dar fruto es árida, cómo la de este valle.  El mundo está seco y la tierra es dura de romper, no es fácil sembrar y cosechar a manos llenas en una tierra hostil. Pero, así cómo estos hombres visionarios, trabajadores fuertes, no se han dado por vencidos, sino que han trabajado durísimo para crear estas vides de primera calidad, así nosotras debemos trabajar con fe y una gran visión, esperando que con la bendición del Señor, cada gota de sudor, cada lágrima, cada comida, cada oración, cada ropa doblada y cada piso lavado den fruto que va a permanecer. 

Sí, el Señor nos ha puesto en este lugar y en este tiempo. No es fácil para ninguna de nosotras. Cada una tenemos retos y pruebas diferentes, pero si el Señor nos ha puesto aquí (y sabemos que Él lo ha hecho), entonces pongámonos a trabajar en dónde estamos hoy. 

Puedes ver la tierra árida y darte por vencida aún antes de empezar a trabajar. Sabes que va a implicar todo tu esfuerzo, desmañanadas y desveladas, horas de planear, horas de oración, horas de repetir el mismo trabajo mil veces sin ver fruto inmediato. O puedes recordarte que nuestro Señor ama edificar hogares y fortalecerte en la gracia del señor, veinr a los pies del Señor de la vid, tomar fuerzas de Él, estar en Su palabra, tomar ánimos refrescar tu visión y arrancarte a trabajar cada día con gozo, dejando la queja, la murmuración, el desánimo clavados en la cruz.

Nuestro trabajo sería en vano si lo hiciéramos sin la bendición de Dios, pero, hermanas, si estamos en Cristo, Dios es nuestro Padre. Él sabe cuál es nuestra condición, y aunque sabe que somos frágiles y débiles, no nos excusa, no baja el estándar para acomodarlo a nuestras fuerzas. No, ¿Qué es lo que hace? Nos fortalece, nos da gracia para seguir trabajando, sembrando, regando, y esperando a que Él de el fruto.

Amiga Cristiana, recuerda que podemos pedirle al Padre que tenga misericordia de nuestras debilidades, que bendiga la obra de nuestras manos, y que fortalezca nuestros brazos. A nosotras nos toca obedecer y trabajar en la tierra árida, de Dios viene el dar el fruto.

No perdamos la visión. Estamos sembrando viñedos en tierra árida, cada vid un testimonio de la fidelidad de Dios en medio de un mundo hostil al Evangelio y a la familia Cristiana. 

  Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová,
    Que anda en sus caminos.

 Cuando comieres el trabajo de tus manos,
Bienaventurado serás, y te irá bien.

Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa;
Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.

He aquí que así será bendecido el hombre
Que teme a Jehová.

 Bendígate Jehová desde Sion,
Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida,

Y veas a los hijos de tus hijos.
Paz sea sobre Israel.

Salmo 128


Bajo su sol y por Su gracia,

Becky P.

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