El Catecismo de Westminster Pregunta 1

El Catecismo de Westminster

¿Por qué estudiar el catecismo de Westminster?

El Catecismo de Westminster, fue un documento  escrito en 1646 y 1647 por la Asamblea de Westminster. Varios  teólogos se reunieron a discutir, con la intención de que la iglesia de Escocia y la de Inglaterra, se unieran en lo que La Palabra de Dios enseñaba –una misma doctrina, para evitar y protegernos de herejías introducidas a la iglesia de Cristo.

Piensa en este catecismo, como la reja de una casa. Podemos caminar libremente dentro de los parámetros dados y no temer a salirnos o perdernos.  Quita la reja, y estamos en peligro de desviarnos de la sana doctrina, un poquito cada día sin siquiera notarlo, hasta que un día, estamos muy lejos de lo que fue establecido por Dios en Su santa Palabra.

Estos teólogos, hicieron el Catecismo largo y el corto. El corto, fue hecho para niños. y los padres eran fieles en enseñárselos a sus hijos y incluso se lo memorizaban desde pequeños – un hábito que nos sería bueno retomar.

Hoy en día, el catecismo de Westminster, no se enseña en la mayoría de las iglesias.

El catecismo está dividido en preguntas y respuestas de las diferentes doctrinas enseñadas en la Biblia. Y es una bendición como iglesia tener este documento y estudiarlo, incluso memorizarlo como nuestros antepasados, para no ser engañadas fácilmente con doctrinas de demonios.

Como mujeres, debemos guardar nuestras mentes y hogares siendo estudiosas de la Palabra. En 1 Tim2:14 dice que Adán no fue engañado – la mujer fue (el pecado del hombre fue no guardar a su mujer y no ser su cabeza ya que {el estaba con ella cuando fue tentada). Debe esto darnos una advertencia como mujeres de ser cuidadosas,  no confiando en nuestros corazones pero sujetándonos a la Palabra de Dios con todo temor y reverencia.

¿Cómo podemos sujetarnos a algo que no conocemos ni entendemos?

Estudiemos.

“Mi pueblo perece por falta de conocimiento” Oseas 4:6  ¿Y, no es triste como vemos a la iglesia visible siguiendo doctrinas del mundo simplemente porque se dicen estar bajo la sombrilla de “cristianismo”? Y como ignorantes, las seguimos sin siquiera  como somos encomendadas a “escudriñar las Escrituras cada día para ver si estas cosas son ciertas” Hechos 17

Veamos brevemente la primera pregunta del Catecismo:

¿Cuál es el fin principal y más noble del hombre?

El fin principal y más noble del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.

¿Qué somos enseñadas hoy en la mayoría de las iglesias? ¿Qué les enseñamos a nuestros hijos en esta área? – que estamos aquí en esta tierra que Él hizo – para ser felices, para realizarnos como personas, para usar nuestros talentos y hacer el mundo un mejor lugar. Esto no es lo que nos enseñan las Sagradas Escrituras.

La respuesta está claramente expresada en la Palabra de Dios, es para glorificarlo a Él, y disfrutarlo para siempre.

Salmo 86. Isaías 60:21.  Romanos 11:36.  1 Corintios 6:20, 10:31.  Apocalipsis 4:11. 

Salmo 16:5-11.. Salmo 144:15. Isaías 12:2Lucas 2:10. Filipenses 4:4. Apocalipsis 21:3-4.

¿Cómo hacemos esto?

Mateo 5:16-17 dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” Siendo imitadores de Cristo, estudiando Su Palabra lo glorificamos. Dándole la gloria que Él se merece “Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos,  Dad a Jehová gloria y poder. Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrenda, y venid delante de él; Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad.” (1Crónicas16:28-29)

Nuestros pensamientos, palabras, actitudes y acciones, no son acerca de nosotras una vez que somos cristianas. Esa es la marca de los incrédulos. Viven para ellos mismos. ¡Nosotras hemos sido compradas con la Sangre de Cristo! No vivimos para nosotras mismas, sino para Él. Ponemos nuestros deseos y lo que consideramos lo que “nos merecemos”, y lo traemos a los pies de Cristo.  Ofrecemos nuestras vidas como sacrificios vivos delante de Él, dispuestas a ser usadas como a Él le plazca.

Entre más tiempo pasamos en la Palabra, bañándonos diario en ella, más la amaremos. Vemos al salmista constantemente expresando ¡como ama la ley de Dios! El salmista ama pasar tempo en ella. ¡La compara como miel en sus labios! ¿Es miel para ti – ó es una carga pesada y difícil de cargar? Pídele a Dios que te de amor por Su Palabra. Que te muestre que es más hermosa que el mundo y lo único que puede satisfacer tu alma.


¡La palabra de Dios es su gozo día y noche! – ¿Es el tuyo?

¡Un mandato es disfrutarlo para siempre! A veces vemos la palabra “disfrutar” como algo del mundo que como cristianas no debemos abrazar. Pero el disfrutarlo es un precioso mandato, porque requiere que eso que deseamos, es satisfecho. Y lo que deseamos es Su ley, Su Palabra, Su presencia, nuestra santidad.

Nuestros deseos necesitan ser transformados. Necesitan ser hechos de acuerdo a Su Palabra. Necesitamos ser cambiadas desde lo más profundo de nuestro ser, para que lo que nuestro corazón anhele y nos deleitemos en Él.  “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Gal 2:20

Dios no nos hizo para hacernos felices, sino para hacernos santos. Para glorificarlo cuando nos va bien, y cuando nos va mal. Cuando estamos en abundancia o en escases. Cuando estamos felices o desanimadas. Cuando nuestras hormonas están en harmonía o en caos. Teniendo  una mirada fija en lo eterno y así regocijarnos  en el Dios de nuestra salvación. No porque nuestras circunstancias cambian o  mejoran, sino porque hemos sido reconciliados con Cristo. Y esa es la cause de nuestro regocijo.

Cuando estemos en el cielo, lo que más nos va a sorprender, en mi opinión, no es nuestros nuevos cuerpos, o cualquier cosa que puedas imaginarte …  sino la pregunta  ¡¿Cómo es que no lo amé más?!


Photo credit: Nathan Dumlao