Obediencia fiel ante el diagnostico de Cáncer.

Liz Boyd comparte con nosotros acerca de la prueba que el Señor la llamó a recorrer: el cáncer de mama. (Este artículo fue originalmente escrito a una semana de su primer cirugía)

Por favor, lee este testimonio. Confío en que Dios puede usarlo para fortalecer tu fe para perseverar en las pruebas que Dios ha escogido para tu vida.

No necesito decir mucho sobre mi hermana en Cristo, Liz Boyd. La forma en que ha respondido a la noticia de haber sido diagnosticada con cáncer de mama ha sido un gran ejemplo para todas las mujeres (¡y hombres!) en nuestra iglesia de lo que leemos en 1 Pedro 3:6:  Liz es una fiel hija de Sarah, Una mujer que hace el bien y vive sin ningún temor.

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No merezco esto por Liz Boyd

Becky me pidió que escribiera un poco sobre la fidelidad de Dios durante mi lucha contra el cáncer de mama, ¡así que aquí voy! ¡Primero te advierto que no soy escritora!

Si no amas a Jesús con todo tu corazón, alma, mente y fuerza (Lucas 10:27), toda esta publicación del blog puede parecer contradictoria, porque así lo es. El evangelio mismo, que Cristo murió por mí, es completamente contradictorio. Debo morir para vivir y si busco salvar mi propia vida, la perderé. Con ésto lucha nuestra carne cada momento del día. Después de haber nacido de nuevo, nunca volví a ser la misma desde hace 15 años y esta publicación; reflejará eso, no puedo evitarlo ni quiero hacerlo.

Batallo mucho en obedecer con gozo en mi vida cotidiana. Sí, sé que los pequeños momentos de la vida dan un panorama completo … ¡y eso me asusta! Yo he fallado en esos pequeños momentos. A menudo soy como Pablo, haciendo lo que no quiero hacer y no haciendo lo que sé que debo hacer. (Romanos 7: 15-24) Me es difícil hacer con gozo mis tareas cotidianas, cómo preparar la comida o sencillamente lavar la ropa. Lo que es peculiar, es que otras veces estoy muy alegre, no haciendo el trabajo que el Señor me mando hacer. Es mucho más fácil tener gozo para escribir un blog sobre cocina, educación o cómo enseñar a tu pequeño a ir al baño, que hacer esas cosas en la carne.

Puede que te sorprenda escuchar que la obediencia cuando tienes cáncer ha sido relativamente fácil. Es tan grande, tan imprevista y tan claramente de la mano de Dios que corrí directamente a Sus manos para consuelo. Por alguna razón, fallé al no darme cuenta que el lavar la ropa y el desayuno también provienen de Su mano y parece que detesto hacer el desayuno más que el cáncer la mayor parte de los días!

Podría describirte esta etapa de mi vida, podría enfocarme en el cáncer, los médicos, el miedo, el agotamiento, y tal vez sería correcto hacerlo. Ha habido muchas de esas cosas. Pero ese no es mi enfoque. Por alguna razón, supongo que, porque está tan claro como el día, “usted tiene cáncer”, sé que esta es la voluntad de Dios. El temor y la grandeza del cáncer han sido reemplazados por la carga de predicar el evangelio a través del cáncer. Esta es una carga mucho más fuerte y más dulce.

El dolor y el miedo al cáncer han estado presentes de vez en cuando. Un minuto estoy bien el siguiente estoy llorando porque nunca volveré a sentir un abrazo de mis hijos de la misma manera. Eso es una pérdida. No he batallado por estar enojada con Dios, pero cuando explico que todos mis nervios se cortarán, que mi sensación se irá, que un abrazo nunca volverá a sentir lo mismo una vez que me quiten los dos senos dentro de la próxima semana y alguien me recuerda que las cosas van a estar muy bien … Me enojo.

Sé que todo va a estar bien. Dios es bueno y todas las cosas que vienen de Él son perfectas. Pero estoy de luto. Estoy sufriendo una pérdida. No estoy sufriendo una pérdida de la imagen corporal, soy madre de siete hijos y esa pérdida la
sufrí en mis veinte años, estoy sufriendo una pérdida que es difícil de poner en palabras, una pérdida de sentimiento. Por supuesto, estaré bien. Yo sé eso. Pero me estoy lamentando. Permíteme.

¿Sabes que puedes estar triste, que puedes sufrir, que te puede doler el corazón y no es pecado? De verdad no lo es. Puedes estar triste y aún glorificar a Dios, puedes experimentar una gran pérdida, más grande que tus pechos, y aún así, amar a Jesús. Sé que eso es verdad porque estoy experimentando eso ahora. Ahora amo a Jesús más que nunca y también estoy sufriendo una pérdida.

He estado rodeada de muchas mujeres, muchas de las cuales son buenas y están para apoyar, para decirme que tengo derecho a enojarme. Pero no lo haré. ¡Diré que no merezco esto! ¡No merezco nada de esto! No me refiero al cáncer de mama, oh no, en absoluto. Me refiero a la gracia de Dios. No merezco todo el amor que se nos demostrado, tengo ganas de gritar: “Dale este amor a otra persona, no somos grandes personas, ¡no valemos la pena!” Y, por desgracia, sigue llegando. Clamo a Dios, sintiéndome abrumada cada día con su provisión de gracia, misericordia, gozo, y prácticamente “NO MEREZCO ESTO”. Yo no. No merezco las muchas, muchas, muchas tarjetas, fotos, cheques, comidas, juguetes, ropa, juegos, flores, cenas, tarjetas de regalo, canastas de regalos, pasteles, helados, bocadillos de almuerzo y oraciones que hemos recibido durante las dos semanas pasadas. No merezco a la amiga que me hizo un almuerzo y que me mostró su cicatriz de mastectomía y dijo: “¡Prepárate para predicar el evangelio, nadie te detendrá cuando tienes cáncer!”. No merezco las cartas llenas de pasajes de la Biblia o el cuidado de niños que se ofrece para las citas con los médicos. No merezco las ofertas para llevar a mis hijos al rugby y a su escuela. No merezco que mi mejor amiga llene toda mi nevera con alimentos orgánicos bajos en estrógenos y deje a su hija de 16 años aquí para amar a mis hijas hasta que termine mi cirugía. No merezco al médico de familia que escribió cartas en nuestro nombre a nuestra compañía de seguros con la esperanza de que acepten nuestra apelación y cubran mis cuentas médicas, y esto fue después de que no paró hasta encontrar en donde estaba escondido el cáncer. No merezco a los muchos médicos y enfermeras cristianos que he visto en los últimos dos meses que han orado por mí y por mí. No merezco nada de esto, y que mi amigo sea el evangelio. Estoy sintiendo el evangelio todos los días.

Romanos 5:8 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Liz Boyd

Gracias a Sylvia Medina por la traducción de este artículo que fue publicado originalmente en Daily On My Way to Heaven (traducido con permiso de la autora).