
Hoy en dĆa muchas mujeres se llaman (o permiten que los congregantes les llamen) āpastorasā. ĀæQuĆ© soporte bĆblico se usa para este tĆtulo? JesĆŗs no escogió a mujeres para ser sus apóstoles, escogió a hombres. Y cuando la biblia habla de pastores, siempre se refiere a hombres. Nunca a mujeres. De hecho, vemos mandatos claros en contra de este tĆtulo en referencia a la mujer.
En 1 Tim. 2:12 vemos que la mujer no debe enseƱar ni tener autoridad sobre un hombre. Estas dos funciones son las de un anciano ā (hombre) en la iglesia. ĀæPor quĆ© no escogió a mujeres para roles de autoridad en la iglesia o en el hogar? ĀæPor quĆ© no las cree suficientemente capaces? ĀæPorque son inferiores al hombre? Ā”NO! Ćl nos ha dado un rol magnĆfico que requiere de oración diaria para hacerlo.
Esta prohibición para ser āpastorasā estĆ” fundada no en cultura, tradiciones, habilidad, educación o elocuencia. EstĆ” basada en un concepto establecido desde la creación del mundo (como lo establecimos en el primer post en esta serie). Pablo, en 1 Timoteo 13 nos dice la razón por la cual una mujer no tiene esta tarea o mandato de Dios ā porque AdĆ”n fue formado primero, y luego Eva. Esto lo hace un mandato que no es cultural, pero aplica a todos los tiempos e iglesias en todos los lugares. Debido a que el hombre fue creado primero, su papel fue ser lĆder o cabeza de lo creado y la mujer siendo creada despuĆ©s, debĆa ayudar y someterse a esa autoridad establecida por Dios. Pero la serpiente siendo la mĆ”s astuta de todos los animales del huerto que Dios habĆa hecho, transformó el orden creado por Dios y tanto el liderazgo masculino como el rol de la mujer, fueron manchados por el pecado.
La mujer carga en ella la consecuencia de su pecado (Gn. 4:7) ātu deseo serĆ” para tu marido, y Ć©l se enseƱorearĆ” de tiā ā significa que cuando el pecado enseƱorea a la mujer, su deseo serĆ” dominar, someter, explotar al hombre. La fuente de este deseo es el pecado.
Hay cosas que Dios creó con un orden. Salirnos de ese orden santo no es ni santo ni sabio. No importa cuÔnta capacidad tengas para hablar en público o influenciar gente, o cuÔnto sepas de la Biblia. El orden es puesto por Dios y nuestra tarea no es cambiarlo, decidir que es los mejor, añadir a la Palabra o interpretar a nuestro placer lo que Dios ha dicho.
El hombre tiene responsabilidades Ćŗnicas hacia la iglesia y hacia la mujer que Dios les ha dado, y las mujeres tienen responsabilidades Ćŗnicas hacia el hombre que Dios les ha dado. Cada quien tiene diferentes tareas las cuales son de igual importancia delante de Dios.
Tú dices: ”Pero quiero servir a Dios, y usar mis talentos. Tengo mucho que dar, y puedo hacerlo mejor que muchos hombres!
āā¦el obedecer es mejor que el sacrificioā¦ā 1 Samuel 15:22
āĀæY por quĆ© me llamĆ”is : SeƱor, SeƱor, y no hacĆ©is lo que yo digo?ā Lucas 6:46
Nosotras somos responsables delante de Dios con lo que Ćl nos ha dado. Esos talentos y habilidades en nuestras vidas, debemos usarlos para Su gloria en la manera en que ha declarado en Su palabra. Dentro de los parĆ”metros que Ćl nos ha dado. No tenemos la libertad de hacer lo que creamos correcto en nuestra propia opinión pasando por alto lo que Dios ha dicho.
Hay muchas maneras en las que las mujeres podemos servir tanto en la iglesia local, en nuestras casas, en nuestras comunidades. Aquà hay una pequeña lista.
1. Provee de comidas a nuevas mamƔs en tu iglesia, o si alguien estƔ enfermo.
2. Cultiva una actitud de Ć”nimo, oración y lectura bĆblica diaria.
3. Sirve en la escuela dominical de la iglesia.
4. SĆ© la primera en levantarte y lavar los trastes cuando hay una comida en tu iglesia.
5. AcƩrcate a nuevos visitantes a la iglesia y dales la bienvenida.
6. Sirve a tu familia con una actitud sujeta al Padre y con gozo, sabiendo que todo lo hacemos para Ćl. Incluso en las actividades mĆ”s cotidianas como cocinar, limpiar la casa, crear un ambiente de amor y respeto.
7. Trae galletas a vecinos que acaban de mudarse a tu Ɣrea.
8. SƩ fiel en enseƱarle a tus hijos la Palabra de Dios.
9. Ayuda con un curso en el verano para niƱos de la iglesia.
10. Ora fielmente por los ancianos y diƔconos de tu iglesia local.
11. Practica hospitalidad.
12. Ayuda a las jóvenes de la iglesia en su caminar con el Señor. EnseñÔndoles a amar a sus maridos, a amar sus hogares y vivir una vida piadosa.
13. Ayuda a organizar eventos para tu iglesia.
14. Pregúntale a tu esposo cómo puedes orar por él.
15. Cultiva una actitud de felicidad en tu casa en vez de crĆtica, emociones descontroladas, quejas y descontento.
16. SĆ© creativa en administrar las finanzas de tu casa.
17. Visita a enfermos en hospitales.
18. Visita a ancianos en asilos.
19. EstĆ” siempre dispuesta a ser interrumpida en tus planes para ayudar a los miembros de la iglesia en lo que sea necesario.
20. Motiva y anima a las mujeres de tu iglesia a ser mujeres de oración bañadas en la Palabra cada dia.
Y miles mĆ”s. Si te suena insignificante el trabajo, probablemente has adoptado la filosofĆa de este mundo. No hay nada insignificante en servir al SeƱor como Ćl manda.
Hermanas y amigas, aprendamos de la Palabra de Dios y no seamos sabias en nuestra propia opinión. Creer lo que Dios dice es Su Palabra, no es sólo creer ciertas cosas, sino todo lo que ella contiene y obedecerla. La esposa del pastor en la iglesia es una oveja como nosotras. No le llamemos āpastoraā dĆ”ndole un tĆtulo que no le ha sido otorgado por Dios. Mi esposo es uno de los ancianos de la iglesia, Ć©l ha sido ordenado para un papel dentro de la iglesia para cuidar, amar, y guiar a las ovejas de Cristo. Ć es quien ha sido ordenado, no yo. Es su responsabilidad delante de Dios cuidar a la iglesia de Dios, no la mĆa. Mi responsabilidad, es ayudarlo a llevas sus cargas, a orar por Ć©l, a ayudarlo, a soportarlo, a ser su ayuda idónea como fue ordemado desde el principio de la creación, para que Ć©l pueda hacer el trabajo que es responsable de hacer ya que Ć©l darĆ” cuentas a Dios. Y yo darĆ© cuentas de lo que Dios ha declarado en Su Palabra para mi.
PĆdele al SeƱor que cambie tu manera de ver el trabajo que nos dio y que aprendamos a amarlo. Que cambie nuestros deseos, que nos haga obedientes, que Sus mandamientos no sean una carga, pero que aprendamos a gozarnos en ellos y amarlos, porque en verdad creemos que Su palabra es mĆ”s sabia que nuestra propia opinión.


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