¿Cómo usas el marcador?

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Escribí hace unos días acerca de cómo debemos aprender a leer nuestra historia a la luz de la narrativa bíblica. Hoy quiero continuar hablando de este tema pero enfocándonos en cómo “subrayamos o destacamos” una parte de nuestra historia.

Imaginen que un grupo de amigas decidiéramos leer la misma novela y todas tuviéramos un marcador para destacar algunas partes de la historia. Seguramente algunas subrayaríamos las mismas secciones, pero cada una también escogería resaltar otras partes muy diferentes de las demás.

Al ver nuestra vida en retrospectiva cada una podemos decidir que resaltar, que “subrayar”, en nuestra historia. Nuestra tendencia va ser la de querer resaltar los eventos en los que fuimos victimizadas, los eventos en los que sufrimos en manos de otros, los eventos en los que estábamos en la oscuridad, pero como mujeres Cristianas, tenemos otra opción, podemos aprender a destacar, aún en medio de esos episodios difíciles de nuestra vida,  la misericordia de Dios y su Providencia.

El apóstol Pablo hizo esto mismo. Leemos en Hechos y en sus epístolas que cuando tuvo que contar su testimonio y hablar de su pasado, no trató ni de ocultar que fue un terrible pecador, ni tampoco que fue educado a los pies de los más importantes maestros judíos. No cambió nada de su historia. Pero sin embargo, no lo vemos haciendo un énfasis mórbido en sus pecados pasados y contando a detalle cómo fue haber sostenido los mantos de los que apedrearon a Esteban o cómo iba de casa en casa  arrastrando a Cristianos para llevarlos a prisión. No, Pablo destacó siempre la obra de la gracia de Dios en su vida, la misericordia de Dios para con él. El énfasis en sus cartas nunca estuvo en detallar cuáles fueron todos y cada uno de sus gran pecados pasados sino en la gracia de nuestro gran Dios que cubre grandes pecados.

No podemos cambiar nuestro pasado, así como Pablo no pudo cambiar el suyo. Pero en Cristo podemos ver nuestro pasado de diferente manera. Al leer nuestras Biblias podemos ver como Dios usa todo para su gloria y el bien de su pueblo -aún nuestros pecados pasados!

¿Cuál es el peor pecado que ha sucedido en la historia? El haber crucificado al único hombre perfecto y cien por ciento inocente, a Jesucristo. Y Dios mismo usó este gran pecado de los hombres para hacer la salvación del mundo posible.

Cuando recuerdes tu pasado, deja de resaltar tus pecados. Si estás en Cristo Jesús, si te has arrepentido de tus pecados, puedes confiar plenamente en que de alguna manera u otra Dios va a entrelazar esos capítulos de tu historia y los va a usar para traer bien a tu vida y gloria a su nombre.  Enfócate mejor en darle gracias a Dios por todas las misericordias que ha derramado a lo largo de tu vida a pesar de tus pecados y en medio de tus luchas.

No podemos editar nuestra vida, ni podemos pretender que nosotras somos las que le damos permiso a Dios de editar nuestra historia (Él no necesita nuestro permiso para nada… Él es Dios); pero podemos aprender a ser muy agradecidos con Dios por cada misericordia y cada gracia a lo largo de nuestra historia. Podemos darle gracias por habernos llamado a Él cuando estábamos perdidas. Por habernos encontrado cuando estábamos perdidas. Por habernos dado vida cuando estábamos muertas en nuestros pecados y delitos.

Es más fácil destacar lo difícil, lo oscuro, lo duro, pero eso nos va a llevar a vivir en un presente amargado. Si nos esforzamos por destacar la gracia de Dios, su misericordia, y Providencia en todo lo que nos ha sucedido, vamos a encontrar hoy mucho más gozo y más paz.

A partir de hoy podemos empezar a practicar este agradecimiento, este contentamiento, esta nueva manera de “subrayar y destacar” partes de nuestra historia. Sin importar en que capítulo nos encontremos hoy, enfoquémonos no en lo terrible de la situación en la que estamos, sino en las misericordias de Dios sobre nuestras vidas.

Seguramente vas a notar que si decides empezar a subrayar ésto, todos los marcadores del mundo no te van a ser suficientes.

Bajo su sol y por su gracia,

Becky Pliego

Foto de Greg Rosenke via Unsplash