La Lengua un Arma Mortal

Katie Lloyd Photograohy

Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡Cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.

Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;

pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

Santiago 3: 5-6

No es fácil no pecar con la lengua, sobre todo si consideramos que los pecados de la lengua pueden tomar muchas formas. Por ejemplo:

1. Las palabras habladas a la ligera, sin pensar, son la causa de muchísimos conflictos. (Ver Prov. 12:18; Prov. 13:3; 17:28; 21:23; 29:20) No podemos excusarnos diciendo que no lo pensamos, que no quisimos decir esas palabras. Seamos honestas, la mayoría de las veces tampoco hicimos nada para impedir que salieran de nuestra boca.

2. Quejarnos y murmurar. Cuando nos quejamos de todo y murmuramos lo que estamos haciendo es demostrar que vivimos con un corazón desagradecido. Creemos que nos “merecemos” más y mejores cosas o circunstancias.

3. Hablar falsedad. Esto es, mentir, exagerar, decir solamente una parte del conflicto, o desacreditar a alguien. Generalmente usamos palabras para manejar las cosas a nuestro favor, para que nosotros quedemos bien y cuando hacemos esto, estamos pecando con nuestra lengua.

4. Chismes. ¡Por favor, no necesitamos saber todo lo que pasa! No cuentes todo lo que sabes, no es necesario difundir toda una situación para pedir oración. Basta con decir, “Te pido que ores por mi amiga, está pasando por una prueba muy difícil” Tampoco preguntes lo que no necesitas saber. Por ejemplo, no necesitas saber porque una pareja no ha tenido hijos, ni si se “están cuidando”. No necesitas saber muchas cosas, por lo tanto, no es propio preguntar lo que no nos corresponde saber. (Ver Prov 26:20; 16:28; 11:13; 20:19; 1 Tim 5:13; 2 Cor. 12:20) Siempre está mal hablar lo que no nos corresponde. Nunca lleva a nada bueno, al contrario, siempre enciende un fuego y siempre causa divisiones. Las personas que gustan de hablar de otros muestran una inmadurez espiritual. ¡Cuidado con ésto!

5. Vanas palabrerías (ver 2 Tim. 2:16) Las platicas vanas conducen más y más a la impiedad, así que nos haría muy bien examinar que tipo de platicas sostenemos con nuestras amigas, o en la mesa con nuestra familia.

El meditar en la Palabra de Dios, es sin duda alguna, una gran ayuda para guardar nuestra lengua de pecar contra Dios y nuestro prójimo.

Que el Señor nos ayude a hablar lo que conviene cuando conviene y a que nuestras palabras estén siempre sazonadas y traigan gracia al que las oye.

Bendiciones,

Becky



*Katie Lloyd es una de mis fotógrafas favoritas, puedes visitar su blog aquí, o comprar sus fotografías aquí.