Memorizando Santiago -Semana 9-

La manera en que usamos nuestra lengua es sin duda una prueba más de una fe verdadera. Lo que hablamos es inevitablemente un reflejo de la condición de nuestro corazón.

Esta semana y la que sigue, vamos a tener la oportunidad de meditar acerca de las palabras que salen de nuestra boca y del poder de la lengua.  Mi oración es que el Señor me ayude a hablar como creyente, y no me refiero a esas frases ya hechas que se usan en los círculos cristianos, sino a que todo mi hablar sea un reflejo de la Palabra de Dios morando en mi.

Santiago 3: 1-6

1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.

2 Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.

3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.

4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.

5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, !!cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. 

Quizás la manera más fácil de pecar es con nuestra lengua.

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