Proverbios 16:1-3

Caminando con Dios
por Norma

Disfrutemos los viernes, y comencemos el fin de semana con una buena reflexión. 




Del hombre son las disposiciones del corazón; más de Jehová es la respuesta de la lengua. Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero  Jehová pesa los espirítus (motivos). Encomienda a Jehová tus obras y tus pensamientos serán afirmados.”
Proverbios 16:1-3

Leyendo Proverbios el otro día, me saltó este capítulo más que otros, ¿será que el Señor me esta hablando?… especialmente en el verso que dice: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión”; en mi vida, esto es verdad.. me es fácil ver como incluso en mis “buenas obras”, aún cuando quiero hacer cosas para enseñarles a mis hijos la bondad y la misericordia, y quiero agradar a Dios con mis acciones, incluso allí, Dios conoce mis intenciones más profundas.. y si de verdad escudriño mi corazón, honestamente y sin esconder concientemente nada, veo en mi los mas íntimos deseos de mi corazón y no son totalmente puros. En un porcentaje mucho más grande de lo que quisiera admitir, busco mi gloria y el placer que recibo al hacer todas estas obras buenas.  Busco el gloriarme en ellas y en mi humildad; cuándo en realidad, la verdadera humildad no busca gloria ni aún en la humildad.

Pero entonces, ¿cómo se le hace?, ¿cómo puedo cuidarme de no gloriarme en mi sino hacer todo en mis más íntimos motivos por Él y para Él?….

Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados” ¡Encomienda a Él tus OBRAS y tus pensamientos serán afirmados!, Cada obra, cada acción, cada cosa que hago en oración la he de encomendar (entregarse al cuidado de alguien) a mi Señor y si le pido a Él que me cuide en lo más íntimo, entonces, mis pensamientos serán afirmados.

Que bendición tener la respuesta justo allí delante de mi y ¡qué tan ciega he sido al no verla!. Gracias a Dios por el milagro de darle vista a los ciegos.

Incluso en esta publicación, quiero encomendar mi escribir a Él para que no haya motivos escondidos en mí, donde no sea Dios, el único, que reciba la gloria.

Norma.