La obediencia fiel y nuestra espera

Nancy ha sido mi amiga fiel. Ella continuamente me acerca a Cristo, a Su Palabra, ¡y hace que me olvide de mí! ¿Verdad que necesitamos más amigas así? ¡Gracias, querida hermana por tus oraciones, tu amistad y todas las tazas de té que me has servido!

Confío en que serás bendecida por sus palabras hoy en nuestra serie sobre la Obediencia Fiel.

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Obediencia fiel
por Nancy Wilson

“Espera con paciencia al Señor;
sé valiente y esforzado;
sí, espera al Señor con paciencia” (Salmo 27:14)

 

Por mi experiencia, y también me imagino por la tuya, parece que a Dios le gusta que Su pueblo espere. Esperamos la liberación de todo tipo de aflicciones: la sanidad de una enfermedad y dolencia, la provisión financiera para pagar las deudas, o la dirección y la orientación cuando estamos confundidas o perdidas. Una mujer soltera espera un marido. Una mujer casada espera quedar embarazada. Una futura madre espera la hora del parto. Los que lloran esperan consuelo. El soldado espera su regreso a casa.

Esperamos tantas cosas: el resultado de una solicitud de empleo, la oferta de una casa, una carta en el correo, un acuerdo por venir, el crecimiento de las plantas, que el niño empiece a hablar, el cambio de clima, que acabe la cirugía, que concluya la reparación, que anote el equipo, el construir una casa, que nuestra disculpa sea aceptada, que avance la línea, que cambie la luz del semáforo, la prueba por terminar, la cena por servir, el viaje por llegar, que la espera acabe. Gran parte de nuestras vidas se caracterizan por esta espera. Incluso tenemos un nombre para ello: el juego de la espera. Y tenemos lugares específicos para ello como las salas de espera. La espera es una condición humana universal, por lo que parece que deberíamos aprender a ser buenos en esto. Pero es difícil esperar, y no somos buenos en eso.

El tipo de espera al que Dios nos llama no es como la espera impaciente del mundo que surge durante un retraso inconveniente (piensas en los aeropuertos). No es un juego, sino un ejercicio espiritual, difícil para la formación del carácter. Si realmente estamos esperando en el Señor, no estamos mirando el reloj o el calendario, y no estamos moviendo impacientemente nuestro pie. Estamos esperando que Él (tal vez desesperadamente) nos brinde la paciencia, el coraje y la fuerza que necesitamos para soportar la espera.

Oramos por el resultado que deseamos, pero también rezamos (con el mismo fervor) fuerza para esperar en el Señor con paciencia.

Note la repetición en el salmo citado anteriormente. “Espera, con paciencia, a el Señor”. Vale la pena repetir. Debemos esperar en el Señor y por el Señor. Debemos esperar y observar con prontitud, alerta y con la esperanza de que Dios pronto actuará. Pero no podemos hacer esto en absoluto a menos que nuestra espera sea con nuestros ojos en el Señor. No podemos mirar las circunstancias sin desesperarnos. No podemos mirar el calendario sin distraernos. No podemos agotar todos los escenarios en nuestra mente sin preocuparnos. El tipo correcto de espera fructífera llega solo cuando miramos al Señor con fe, contando con Él para que nos brinde paciencia, valor y fortaleza mientras esperamos. Estamos esperando en el Señor, no solo en el resultado o el veredicto. Esa es una diferencia importante. Pero, ¿cómo podemos llegar allí? ¿Cómo esperamos en el Señor?

Primero, cuando estés en un tiempo de espera, recuerda (a menudo) que Dios ha ordenado perfectamente el tiempo. Él te ha dado esta situación (a propósito) para que puedas administrarla como una oportunidad para mirarlo a Él con expectación. En lugar de enfocarnos en los posibles resultados, debemos enfocarnos en nuestro Padre en el cielo y esperar pacientemente a que Él actúe. Debemos acercarnos a Él, debemos estar contentos con Él y debemos esperar un poco más.

Mientras esperamos, debemos cumplir con nuestros deberes. Hacemos lo siguiente que teneomos enfrente, y lo hacemos con alegría. Trabajamos arduamente para mantener nuestra mente llena de gratitud y acción de gracias, y eso significa cantar con alegría en nuestros corazones al Señor. Esto es lo que significa permanecer en Él, y así es como continuamos en vigilia y orando con fervor.

Este tipo de espera obviamente no es una habilidad humana natural, pero Dios es capaz de proporcionar toda la fuerza que necesitamos para hacer esto. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). El contexto de este verso es sobre el contentamiento. Esperar pacientemente es ciertamente un ejemplo de práctica del contentamiento El contentamiento dice: “Estoy satisfecha con Su horario. Estoy complacida cómo El está escribiendo mi historia. Estoy contenta de esperar en el Señor. Él hace todas las cosas bien “.

“Pero los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas” (Isaías 40:31). Si esperamos con nuestra propia fuerza débil, pronto colapsaremos. Pero si esperamos en el Señor, Él nos da nuevos suministros de fuerza, y esto nos da esperanza, ánimo y resistencia. Espera en el Señor. Este tipo de espera es la obediencia fiel.

Traducido por Sylvia Medina
Publicado por primera vez en Daily On My Way to Heaven