El trabajo en la cocina

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¿Recuerdan cuándo Jesús multiplicó el pan y los peces? La historia la podemos leer en Juan 6:1-13 y también en Marcos 6: 30-52 y en Lucas 9. Generalmente nos referimos a este hecho histórico para recordarnos de cómo Dios multiplica lo que tenemos y nos da en abundancia, y así nos recordamos que Dios es nuestro Proveedor. Pero, ¿te has dado cuenta qué junto con la provisión milagrosa Jesús proveyó algo mas? Imagínate, Él proveyó más trabajo para sus discípulos!

Leemos que Jesús les dijo a sus discípulos, “Recostad a la gente”; cuatro palabras que leemos súper rápido y no nos detenemos a meditar, ni usamos nuestra imaginación para entender completamente. Ve la escena de cerca. Doce discípulos tienen la tarea de organizar a más de 5000 personas hambrientas en grupos de cientos y de cincuenta. No hay nada de tiempo antes para tener reuniones semanales entre ellos para planear una estrategia, para decidir como sería la mejor forma de hacerlo, tampoco hay micrófonos ni nada parecido para hacer la tarea más fácil. El milagro que todos estaban a punto de ver comenzó con algo inesperado, más trabajo y terminó con aún más trabajo.

Una vez que todos estaban sentados, “Jesús tomó aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre sus discípulos, y los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados ; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido” (énfasis mío).

¿Ves lo glorioso de la historia dentro de la historia? La gracia de Dios, su provisión abundante viene acompañada de otra bendición que muchas veces no queremos reconocer como bendición, de una bendición que muchas veces nos rehusamos a tomar con las manos abiertas: más trabajo -y del tipo de trabajo que no nos lleva a nada cercano a la fama.

Los que trabajaron acomodando a la gente, sirviéndoles, y recogiendo después fueron parte del milagro. Los discípulos vieron en el servir la gloria de Dios de una manera más cercana; los cinco mil hombres, las mujeres, y los niños que ahí estuvieron ese día seguramente no pudieron oír la oración de Jesús, no vieron de cerca el milagro. Los que sirvieron tuvieron el gozo de extender gracia, de dar lo que el Hijo de Dios les dio para dar. El trabajo enorme de acomodar a las personas, de servirles, de limpiar no fue en balde, fue una oportunidad de ser parte de la obra de Dios, de ser parte del milagro.

Hermanas, muchas veces oramos a Dios por su provisión y nos quejamos con el trabajo -la bendición- que viene con la provisión. Pedimos por la oportunidad de poder comprar una buena despensa y nos quejamos del trabajo que es ir al supermercado, de lavar la fruta y la verdura, de guardar y organizar todo. Pedimos un esposo, hijos, amigos y nos quejamos porque no nos ayudan. Pedimos una buena iglesia y vemos con sospecha al que nunca se detiene a servir. Queremos oír la oración de Jesús al Padre, queremos ver la multiplicación de los panes y de los peces y sentarnos a disfrutar de sus bendiciones, pero no queremos oír a nuestro Señor diciendo, “organiza, reparte, limpia”. ¡Qué poco entendemos cómo funciona el Reino de Dios!

Que Dios nos dé la gracia para estar cerca de Él con las manos abiertas cuando nos da el pan de cada día, así como cuando nos da el trabajo que viene con sus bendiciones -y que es en sí una gran bendición.

Bajo su sol y por su gracia,

Becky Pliego