Jonás, ¿Una Historia de Niños? -Parte Siete-

Michelangelo Buonarroti; El Profeta Jonás (fresco 1508 -1512) Capilla Sixtina.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,  en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” Hebreos 1: 1-2

Jonás fue uno de esos profetas que Dios usó para hablarnos; para señalarnos hacia Jesús. Lo interesante aquí, es que el mensaje que Dios nos da no es a través de las palabras que Jonás habló, sino de su vida misma. Jonás es el mensaje que no podemos dejar pasar.

Somos como Jonás, tercos, necios, siempre queriendo hacer nuestra voluntad en lugar de la de Dios. No es de extrañarse que cada vez más gente que profesa ser cristiana hoy siga otros evangelios; palabras que prometen comodidad, prosperidad, salud, paz, y se resistan a creer que el sufrimiento también tiene un lugar en el plan de Dios.

Jonás, como nosotros era egoísta; no entendía que el amor de Dios es uno que alcanza a los perdidos; a los que están sin esperanza. No entendía la soberanía de Dios en la salvación; “¿Cómo Dios puede salvar a un pueblo tan perdido que no se merece la gracia?” aún hasta el final, no entiende que la gracia es justo eso; gracia.

“Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte. Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” Jonás 4: 9-11

Somos como Jonás cunado dejamos de ver lo grande de nuestro pecado y lo grande de la gracia de Dios.

No debemos olvidar que en esta historia el pecado alcanza a todos; a los marineros que adoraban a dioses falsos, a los ninivitas que estaban sumidos como sociedad en un mundo de pecado, y a Jonás, el hombre que conocía a Dios. El pecado también nos alcanza a nosotros,  “no solo a los de afuera”, no, no importa en donde estemos; necesitamos desesperadamente la gracia de Dios para no morir. Y Dios lo sabe por eso, nos alcanza, nos busca, nos arrastra hacia Él. Nosotros jamás iremos a Dios, Él siempre viene a nuestro encuentro; no olvidemos que somos fugitivos.

Becky

Esta es la última entrada de esta serie, la primera parte está aquí.

***********