Aprendiendo a Conversar

La platica siguió, pero de repente, me di cuenta de algo:

Nuestra plática ya no parecía plática, otra vez estaba yo tomando demasiado tiempo para enfatizar el mismo punto una y otra vez. Esa actitud de mi parte no iba a llevar a nada provechoso, a nada que realmente diera fruto y fortaleciera nuestra relación.

La Biblia dice en Proverbios 10:19:

“En las muchas palabras no falta pecado;
    Mas el que refrena sus labios es prudente.”

Lo que necesito hacer para fortalecer más mi relación con mis hijos es, hablar menos (¡lo necesario!) y escuchar más.

Antes de decir mis veinticinco mil palabras sobre un tema, quizá me convendría preguntarles primero, escuchar atentamente su respuesta y luego hablar las palabras que convienen. Esto seguramente sería más efectivo.

Pero, es difícil, de verdad lo es. Es más fácil hacer lo que ya traemos aprendido y venimos haciendo por años pero, sin embargo, es necesario.

Aprender a conversar es un arte y generalmente, requiere de menos tiempo para hablar y de más tiempo para escuchar.

Tengo unas preguntas de reflexión que escribí en base a mi propia experiencia y errores:

*Cuando estoy ocupada y uno de mis hijos me llama, ¿dejo inmediatamente a un lado lo que estoy; haciendo para escucharlo?
  – Sí, yo también he dicho que lo que estoy haciendo es muy importante, pero la verdad  es que podría haberlo dejado a un lado por unos minutos.

*Cuando me habla mi hija, ¿me detengo y la volteo a ver para así escucharla o sigo haciendo mis cosas y hago como que escucho?
 – Cuando nuestros hijos están pequeños es muy común caer en esto.

*Cuando tengo que corregirlos, ¿los escucho primero?
-Dejarlos hablar y explicarnos lo que pasó no es malo, de hecho, es bueno que aprendar a exponer su lado de la historia de una manera respetuosa.

*Cuando los dejo hablar, ¿los escucho con ganas de entenderlos o simplemente los dejo hablar pero estoy decidida a no cambiar mi punto de vista?
-Es importante aprender a escucharlos de verdad. Debo escuchar con humildad, dispuesta a estar equivocada y cambiar mi punto de vista.

*¿Disfruto escucharlos?
Nuestros hijos saben la respuesta a esta pregunta.

Hoy estoy aprendiendo a conversar con mis hijos.