Contando a la Generación Venidera

 Escucha, pueblo mío, mi ley;
   Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.

 
 Abriré mi boca en proverbios;
    Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos,


 
Las cuales hemos oído y entendido;
   Que nuestros padres nos las contaron.


 
No las encubriremos a sus hijos,
   Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová,
   Y su potencia, y las maravillas que hizo.


   
El estableció testimonio en Jacob,
    Y puso ley en Israel,
    La cual mandó a nuestros padres
    Que la notificasen a sus hijos;


 
Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán;
    Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos,


 
A fin de que pongan en Dios su confianza,
    Y no se olviden de las obras de Dios;
    Que guarden sus mandamientos,


 
Y no sean como sus padres,
    Generación contumaz y rebelde;
    Generación que no dispuso su corazón,
    Ni fue fiel para con Dios su espíritu.


 
Los hijos de Efraín, arqueros armados,
    Volvieron las espaldas en el día de la batalla.


 
 No guardaron el pacto de Dios,
    Ni quisieron andar en su ley;


 
Sino que se olvidaron de sus obras,
    Y de sus maravillas que les había mostrado.

          Salmo 78:1-11 



Nunca será demasiada Biblia la que enseñe a mis hijos. Nunca será suficiente el tiempo que pasemos con ellos hablando de las maravillas de Dios.


Es increíble pensar que Dios nos ha puesto como papás para ser el medio de traer el Evangelio, las buenas nuevas, la exposición de las Escrituras que pueden traer salvación, a nuestros hijos. Y no solamente a nuestros hijos, sino a los hijos después de ellos. Es una tremenda responsabilidad, porque vemos que Dios  ha diseñado este plan, para preservar su palabra por generaciones. 





El versículo siete quiero que resuene como una campana en alto. Cuando obedezco a Dios, y escudriño la Palabra de Dios con mis hijos, el fin es que ellos pongan en Dios su confianza, que puedan tener  fe en la Palabra; que NO se olviden de las obras de Dios, sino que  guarden sus mandamientos. 


Entre la mi responsabilidad y la gracia eterna de Dios, veo un mandamiento en el verso cinco. Él mandó  que notificáramos a nuestros hijos lo que Dios ha determinado en su Palabra. 


Cuando veo las promesas de Dios, descanso…El verso ocho dice, que el contarles a nuestro hijos de la Palabra de Dios, de sus hechos,Él librará a nuestro hijos de ser como mi esposo y yo fuimos en un momento, contumaces y rebeldes. Que no dispusimos nuestro corazón ni fuimos fieles para con Dios en espíritu.


Señor, que nuestros hijos no sean como los Hijos de Efraín, que en el día de la batalla volvieron atrás y se olvidaron del pacto de Dios.


No puedo no enseñarles la Palabra, no puedo no darme el tiempo. Es prioritario. Si no hay enseñanza de la Palabra, no hay nada. Todo se cae, se derrumba. Quedan hombres y mujeres endurecidos y vacíos.