Un Mandato

Dice la carta de  Pablo a los Filipenses:

“Regocijaos en el Señor siempre; otra vez les digo, regocijaos”

¿Cómo podemos perdernos en lo cotidiano? Es increíble que en medio de esta ciudad, del correr, el tráfico, lo gris, olvidemos este mandato. Nuestro gozo se va. Se va con el primer  contratiempo del día. Se va en el aguacero que nos dejó más horas en el tráfico. Hoy lo deje ir en un instante, en una llamada telefónica. Lo he dejado ir  por una respuesta de historia incorrecta. Lo he dejado ir, mil veces, en medio de la nada. Cuando mi egoísmo gana  y creo ser una reina. Se va y nos quedamos contemplando el vacio que deja.

Yo lo he dejado ir muchas veces.

Señor, ayúdame a no perder tu gozo. Tu gozo que es perfecto y no depende de lo azul del cielo ni lo gris de la ciudad. No depende de mi. Es dado.

Todo es gracia.

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