La Madre Cristiana y la Instrucción Bíblica -parte uno-

John Abbot (1833) en su libro, La Madre Cristiana, nos da a las madres creyentes diferentes puntos prácticos para ayudarnos a instruir a nuestros hijos en las cosas de Dios. Quiero compartir con ustedes estos puntos clave, esperando que sean de edificación para ti, como lo han sido para mi. Hoy he traducido los dos primeros puntos.

“Nada puede suplantar la la necesidad del esfuerzo y de la instrucción junto a la chimenea en el hogar. La madre debe de reunir a su pequeño rebaño alrededor suyo y debe tomar la responsabilidad de la educación religiosa de sus hijos….

1. Es de primera importancia recordar que el hogar debe de ser un santuario de instrucción religiosa. La madre debe de ser la guía ferviente y afectuosa al Salvador. Ella debe de llevar a sus pequeños de la mano y guiarlos en los caminos de  la piedad.

2. Los padres deben tener un sentido profundo de devoción. Ciertamente es vano esperar que tú puedas inducir a tus hijos a poner sus afectos en otro mundo, mientras  que tus afectos están arraigados a este  mundo presente. Amenos que tú no estés inflamada de deseos cristianos que animen tu corazón, es necio esperar que tu puedas inculcar esos principios en el corazón de tus hijos. Ellos van a imitar tu ejemplo. Ellos confían en tu guianza. Ese pequeño niño que Dios te ha dado, y que se siente tan feliz en tu amor y tan seguro en abrazar esas mismas cosas, esos mismos sentimientos que tú amas.  ¡Oh madre! ¿Puedes ver a tu hijo tan confiado en ti? ¿puedes ser testigo de su amor y sus abrazos, y no sentir la culpa en tu consciencia de que tu ejemplo está guiándolo lejos de Dios y llevándola a una vida de dolor incesante?

Tú amas a tu hijo. Tu hija te ama, y no puede ni imaginar que tú estás abusando de su confianza, y que la estás guiando en los caminos de destrucción.  ¡Qué terrible enterarte que tu madre es la cruel traicionera de tu felicidad eterna! ¡Oh, Madre no cristiana!  Estás casada con este mundo. No has dado tu corazón a Dios. No contenta con destruir el tu propia alma , llevas contigo al mundo del dolor, a ese hijo que te ama como madre y amiga. Hay una crueldad muy grave en esto, que no se puede describir. Uno podría pensar que cada sonrisa interrumpiría tu paz; que cada prueba de afecto penetraría tu corazón; que la culpa de mantendría despierta las noches, y te amargaría cada hora. ¡Oh, madre no cristiana! tú estás destruyendo un alma, ¡y qué alma! ¡El alma del hijo que se te ha encomendado!…

 Pero debes de volverte a tus hijos otra vez. La trompeta del juicio va a sonar y vas a ser llamada ante Cristo. ¡Qué inútil va a ser tratar de explicar lo que sientes allí! ¡Ese día terrible va a llegar! ¡L hora señalada pronto vendrá! ¡La muerte es seguida por el juicio– y el juicio por la eternidad! … Piensa que no puedes andar tú en un camino e inducir, al mismo tiempo,  a tu hijo a andar por otro camino. No solamente debes “señalar al cielo” debes “guiar el camino”.

La primera cosa que se debe de hacer es que la madre se arrepienta y de su corazón a Dios. Que sea una madre Cristiana, y entonces, sólo entonces podrás esperar que Dios bendiga tus esfuerzos y que guíe a tus hijos al Salvador.  Exhorto a las madres que leen estas páginas y que consideran su felicidad y la de sus hijos importante a que se arrepientan de sus pecados, a que hoy mismo se humillen delante de Dios. La sangre del sacrificio de Jesús ha hecho posible el camino. El Espíritu Santo está listo, para contestar tu clamor, para guiarte.  Cada hora en que tú continúes siendo negligente, estás caminando tú con tus hijos más lejos de Dios, y estás haciendo que el camino de vuelta sea más difícil”.

Becky

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Traducción©Becky Pliego 2011 Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.