¿Cómo pasas tu tiempo con Dios?

Crear un hábito de lectura de la Palabra y de oración no es fácil; para mí, muchas veces significó una montaña rusa, a veces arriba, otras abajo; la constancia estaba muy lejos. La carne es débil y aunque el espíritu está dispuesto, nuestra carne nos arrastra y no perseveramos.

Al leer a los puritanos, a los grandes hombres de Dios, a los padres de la iglesia, uno se da cuenta que es imposible vivir un cristianismo sin oración y sin meditar y estudiar la Palabra.

J.C Ryle dice en su libro, Practical Religion, lo siguiente:

“No pretendo decir ni por un momento que el que una persona ore nos diga algo acerca del estado de su alma; como en cualquier otra parte de la vida religiosa, puede haber mucho engaño e hipocresía.
Pero ésto si me atrevo a decir, – que el no orar es una prueba clara de que un hombre todavía no es un verdadero cristiano. Él no puede ver sus pecados. No puede amar a Dios. No puede ver la gran deuda que tiene con el Creador. No puede anhelar la santidad. No puede desear el cielo. No ha nacido de nuevo. No ha sido hecho una nueva criatura…”

Como mujeres en casa tenemos diferentes retos que vencer para poder crecer en nuestra vida de oración, los niños, las tareas domésticas, el cansancio físico, etc; pero si somos creyentes no podemos dejar a un lado nuestra vida de oración. Tenemos que disciplinarnos en esta área.

                                        
Algunas ideas que a mí me han servido son éstas:

Primeramente, he aprendido que tener en mi tiempo devocional una pluma y un cuaderno (un diario) a la mano me son de gran ayuda porque si estoy muy cansada no me quedo dormida (¡es verdad!) y también me ayudan a no distraerme con los pensamientos y listas del día, que nos sé porque, se agolpan en mi mente justo cuando voy a orar.

Al leer mi Biblia anoto en mi diario versículos (siempre en contexto) que quiero repasar, oraciones usando ciertos capítulos de la Biblia, mis reflexiones, etc. En mi Biblia también tengo separadores (post-it) para marcar los diferentes versículos que tengo que repasar (para no olvidar los ya memorizados) y los nuevos sobre los cuáles estoy trabajando. También escribo de memoria en mi diario, los textos con los que estoy trabajando.

Estas son ideas que a mí me han funcionado, jamás quiero decir que así se tenga que hacerse, pero quise compartir con ustedes lo que me ha ayudado a mí a perseverar.

Quiero cerrar con otra cita del mismo autor, Ryle,

“El orar y el pecar no pueden habitar juntos en el mismo corazón. La oración va a consumir al pecado, o el pecado va a ahogar la oración. No puedo olvidar ésto. Veo la vida de los hombres. Creo que muy pocos oran”

¡Qué el Señor nos conceda la gracia para perseverar!

Becky.